martes, 22 de octubre de 2013



LA FORMA DE LAS NUBES




-¿Vamos al cielo de verdad? ¿Por el agujero grande o por el agua? –pregunta Catita mientras papá Andrés termina de ponerle el pijama y enciende la linterna.
-Hay que encender la luz. A ver… -dice papá Andrés, mientras apaga la lámpara que está al costado de la cama de su hija.
-Pero que no caiga ni una nieve –dice Catita.
-Primero nos ponemos las antiparras. Y tenés que llevar las alas de paloma para subir cuando lleguemos. ¿Ya las pintaste? –pregunta papá Andrés.
-Sí, y almohadas de los brazos y las piernas para no golpearse –responde Catita.
-¿Entonces yo me pongo la campera de alas también? –pregunta papá.
-Sí –dice Catita.
-Y después te pongo tu camperita para que cuando nos suba el viento no te dé frío.
-Para que no me haga frío. Y patas de pato para salpicar. Pero en la mochila.
-Patas de rana verde para mí. Después te pongo tu pantalón suavecito que hace cosquillas. Y por último, tu gorrito de minero.
-¿Pero está oscuro? –pregunta Catita
-No sabemos, puede estar. ¿Nos falta algo? –pregunta papá.
-No sé...
-¡Hay que llevar la brújula que nos dio el abuelo! No podemos perdernos. La cargamos en tu mochila –dice papá Andrés.
-No me acuerdo qué es la brújula –dice Catita.
-Es un reloj que nos dice dónde ir. Pero también le podemos preguntar a algún animal.
-Por qué tenía brújula el abuelo –pregunta Catita.
-Porque te la quería regalar para que no nos perdiéramos cuando viajamos al cielo –contesta papá Andrés.
-Ah, sí…, cierto. ¿Y la brújula tiene una boca que te dice? –dice Catita.
-Sí, es como un teléfono pero habla sola. Ella sabe si estamos perdidos. ¿Y ahora? –Pregunta papá.
-Salimos –contesta Catita.
-Hay que llevar un pan y lechuga por si algún animalito tiene hambre, o por si lo queremos llamar y que nos diga por dónde es el camino.
-Yo lo agarro, y lo guardamos en mi mochila –dice Catita.
-Muy bien. Ya tenemos todo. Ahora sí. ¿Preparada? –pregunta papá Andrés.
-Sí –dice Catita.
-Entonces te agarro de la mano y yo también me pongo mi gorrito. Voy a abrir la puerta y vamos a salir.
-¿Hoy es la mañana o la tarde? –pregunta Catita.
- Hay mosquitas en la higuera, y si mirás el pasto que está lejos, se mueve y te marea. Así que debe ser la tarde. Vamos a caminar por una calle. Chau, señora de la canasta –dice papá Andrés.
-¿Le damos un poquito de pan?
-Le damos si nos pide –dice papá Andrés.
- Ah, sí –recuerda Catita.
-¿Vamos a cruzar la calle? Creo que del otro lado vi un pasadizo –susurra papá Andrés.
-Sí, pero no quiero que haya un tiburón –contesta Catita.
-¿Pero qué hay que hacer antes de cruzar? –pregunta papá Andrés.
-Ver si hay un auto –dice Catita
-Miramos para acá. Para allá. No vienen autos. Te agarro la mano. Y sí... ahí está el agujero grande, adentro de la tierra –dice papá Andrés en voz baja.
-¿Se mete por abajo de la tierra? –susurra Catita.
-Sí. Tenemos que bajar con muuucho cuidado.
-Despacito. ¿Y tenemos que prender la luz? –pregunta Catita.
-Eso mismo. Vamos a prender la de tu gorrita. ¿Vos vas alumbrando?
-Sí –contesta Catita.
-¿Y qué vemos? –pregunta papá Andrés.
-Un barco –murmura Catita.
-¡Es un barco! No me había dado cuenta –dice papá Andrés- ¿Cómo habrá llegado hasta abajo de la tierra?
-Porque antes había agua y se rompió –responde Catita.
-Pasamos por al lado del barco. ¿Hay piratas? –pregunta papá Andrés.
-Sí, pero algunos están dormidos y otro que llora –dice Catita.
-Hay muchas lágrimas y se están formando charquitos. Plaf plaf plaf.
-Sí, porque está triste por el barco. Y también hay un pescado con los ojos salidos –dice Catita.
-Pobre pirata. Nosotros tenemos que nadar –dice papá Andrés.
-¡No!, ¡no hay tanta agua! –dice Catita.
-Ah, qué susto. Yo pensé que sus lágrimas nos iban a llenar de agua. ¿Y qué va a pasar con el pescado? ¿Cómo es? –susurra papá Andrés.
-Tiene granitos. Y chorrea un poquito de jugo.
- Pobre pescado. Me da un poco de miedo… –dice papá Andrés.
- No, porque es así, es bueno, no te hace nada me dijo el abuelo –contesta Catita.
-El pirata nos está sonriendo, parece que te escuchó y nos saluda… Chau, pirata. Hay que seguir el camino, Cati, así llegamos más rápido. Seguí alumbrando que está oscuro –dice papá Andrés.
-¿Y si me asusto? –pregunta Catita.
-Ya falta poquito para salir. Me parece que allá veo algo. Qué será –pregunta papá Andrés.
-No sé –dice Catita
-No hay que tener miedo. Debe ser un amigo.
-Sí, un pájaro que yo dibujé un día –dice Catita.
-No puede volar como hacemos nosotros –dice papá con cara triste-. Tenemos que llevarlo afuera y que use las alas.
-Sí, pero yo le hice alas grandes como mariposas –dice Catita.
-Mirá esa luz allá, ¡como una luna al final! Me parece que veo la salida. Vamos. Vos agarrás al pajarito. Lo ponemos en mi mano. Vamos a llevarlo afuera para que vuele –dice papá Andrés.
- ¿Es grande?
-No, es chiquito como una mano cerrada. Estamos saliendo por un agujero lleno de sol. Apagamos la linterna. ¡Es un bosque! –dice papá Andrés.
-¿Y qué hay? –pregunta Catita.
-Tenemos que averiguarlo, porque es muy grande. Pero por acá se llega me parece. ¡Hora de mirar con nuestras antiparras! ¿Qué ves, Cati? –pregunta papá.
-Árboles y hojas para dibujar -dice Catita.
-Escuchá el ruido de las ramas… hace como el mar… Son árboles de muchos colores. Y está todo lleno de hojas. Se puede dibujar con las ramas, con los animales, con un pasto, con una piedra.
-Y con los dedos –dice Catita.
- Sí. ¿Ponemos al pajarito en el pasto o sobre una hoja para dibujar? -dice papá Andrés.
-Ahora quiere volar. ¿Podemos ir con él? –dice Catita.
-¿Lista para subir a un árbol? –pregunta papá Andrés.
-Lista. Pero no nos soltamos la mano –dice Catita.
-No, claro. Vamos cerrando los ojos. Esperamos un poquito a que venga el viento. Y vamos subiendo des… pa… ci… to… -susurra papá-. No nos soltamos. Vamos a dibujar frutas. ¿Cuál querés?
-Peras. ¿Yo hago dos naranjas para la abuela? –pregunta Cati.
-Claro. Agarramos una pera para vos, una manzana para mí y dos naranjas para la abuela. ¿Las dibujaste? ¿Las ponemos en tu mochila? –pregunta papá Andrés.
-Sí, listo. Pero una no me salió como pera –dice Catita.
-¿Y qué gusto tendrá? Debe ser como mermelada. Entonces abrimos tu mochilita. Ponemos las naranjas. Y nos sentamos en una rama a comer tu pera y mi manzana –dice papá Andrés.
-Sí –dice Catita.
-¡El cielo también es de hoja de dibujar! Agarremos una flor y pintemos, Catita –dice papá Andrés.
-Las nubes con formas de pelota… una nena arriba de un globo… ¿Ya estamos más cerquita de las nubes? –pregunta Catita.
-Hay muchas nubes, es verdad. Pero falta caminar un poquito más para llegar a las verdaderas. Pero… ¿por dónde tendremos que ir? ¿Será ese camino de allá abajo? –pregunta papá Andrés.
-No sabemos… -dice Catita.
-Y yo veo un animalito. Me parece que es un venado. Tenemos que bajar a preguntarle –dice papá Andrés.
-¿Cómo es un venado? –pregunta Catita.
-Tiene la nariz de topo y la piel de pelusa. Cuando corre se le enredan las patas, pero no hay que subirse arriba porque le duele la cintura –dice papá Andrés.
-Como la tía Beba. Y yo le voy a dar lechuga –dice Catita.
-Dame la mano. Vamos a esperar que el viento venga. Esperamos quietitos en la rama… ¡Ahí viene!, nos va llevando suavecito para abajo. Qué suaveeciiito… y llegamos hasta el pasto –dice papá Andrés.
-No hay que subirse porque no es caballo como Manchi. ¿Tiene hambre? –Pregunta Catita.
-Tenés que agarrar un pedacito de lechuga de tu mochila y acercárselo para que coma.
-Yo lo hago.
-Sí. Hablemos bajito. Nos acercamos con pasos chiquitos, con mucho cuidado porque no hay que asustarlo. Somos amigos. El venado viene con cuidado, porque tiene miedo –susurra papá Andrés.
-Pero no nos vamos a subir –susurra Catita.
-No. Pero igual viene despacio y se acerca a tus dedos –susurra papá-. No tengas miedo. Estirá el bracito que él con su hocico lo va a oler.
-¿Qué es un hocico? –susurra Catita.
-La boca de los animales. Entonces con la boca lo agarra de tus dedos y lo come y nos dice “gracias amigos” –dice papá Andrés.
-Pero las naranjas no se las podemos dar porque son para la abuela Mema -dice Catita.
-Claro. Pero nos quiere decir algo. ¿Vos lo oís? Yo no puedo porque habla bajito… -dice papá Andrés.
-Dice que él sabe dónde es el cielo de verdad –dice Catita en voz de secreto.
-¡Vamos! ¡Ya estamos por llegar, parece! Hay que seguir por este camino de tierra que dibujaste. A los costados está lleno de árboles de colores, y puertas y comida, y nubes –dice papá Andrés-. ¡Cuántas cosas que dibujaste!
-Y grillos y un caballo.
-¿Te gustaría que llamemos al caballo, así le preguntamos si nos quiere llevar? –pregunta papá Andrés.
-Sí. Tengo que cortar un pedacito de pan para que venga.
- Muy bien. Sacamos el pan de tu mochi. Lo cortamos. Y el caballo viene porque tiene hambre y no llega a comer las frutas que están arriba de los árboles.
-Es Manchita del abuelo. ¡Vení Manchita! (pero bajito lo digo…)
-Sí, tiene manchitas de muchos colores. ¿Serán de caramelo? ¿Nos subimos?
-¡No son caramelo! Son de pelusa de venado –susurra Catita.
-Él nos dice gracias por el pan que le dimos y nos deja subir a su lomo. Nos agarramos fuerte de la soga porque corre rapidísimo. El viento nos da frío en la cara. Qué fuerte que corre –dice papá Andrés.
-¿Tiene sed?
-Donde vamos hay mucha agua, así que él va a poder beber allá. No nos soltamos de las sogas porque ¡va muy rápido! ¡Yo te agarro fuerte, Catita, no te preocupes! ¿Te gusta el viento fuerte? –pregunta papá Andrés.
-¡Sí! –grita Catita.
-Pasamos una casa muy alta con una torre. Un elefante sin pintar… solamente con sus rayitas negras. Saltamos por adentro del elefante transparente.
-¡Chau, elefante! –dice Catita.
- Tenemos que frenar porque ¡ya llegamos! Decile que frene –dice papá Andrés.
-¡Frená, Manchita! –dice Catita.
-Ya está. Nos tenemos que bajar. ¡Llegamos! Qué linda es esta montaña petisa, qué suavecito que es el pasto. ¿Todo esto dibujaste vos?
-Sí, con la señorita -dice Cati.
-Y más allá hay mucha agua para que tome Manchita. Los árboles se ven lejos, atrás. Ya los pasamos. Mirá qué cerquita tenemos el cielo –dice papá Andrés.
-¿Acá hay viento para subir hasta las nubes de verdad y ver a mamá? –pregunta Catita.
-Sí, mi amor. Llegamos. Ahora… tenemos que ir cerrando los ojos… y esperar un poquito…  –dice papá Andrés mientras apaga la linterna de la mano de Catita. Él también esperará a que mamá venga a darles el beso, por el que viajan todas las noches, antes de cerrar los ojos y dormir.