lunes, 2 de noviembre de 2015
miércoles, 19 de agosto de 2015
LITERAL
Entré al supermercadito que está a veinte pasos de la puerta de ingreso al edificio. Sólo necesitaba queso y algo que aún no sabía qué era. Así me pasa siempre que intento comprar con hambre animal. La chica que cortaba el fiambre, la anciana dueña del lugar y una clienta con ruleros y enguantada con un conjunto Nike blanco y negro cantaban junto a los Pimpinella, bailaban como podían entre tomates y conservantes.
"Nada más", le dije a la chica cuando me preguntó.
"¡Elegite algo más o seguimos cantando!", me amenazó mientras bamboleaba la cabeza detrás del mostrador.
"Lo que me intimida de estos dos hermanos es que pasen la vida declarándose el amor, haciéndolo cuando cantan, los engaños", dije.
La música seguía pero ellas ya no bailaban.
"Pero con eso hicieron buena mosca", me dijo la dueña.
"¡¿Me engañaste, me mentiste?!", gritaba Lucía Galán.
"¿Qué más, aparte de enamorarse de su hermano, puede hacer usted por un poco de plata?", le pregunté a la dueña.
Me cobró el queso crema y me fui sin saber qué más quería mi hambre animal, de ese lugar.
viernes, 15 de mayo de 2015
POZO
SE PRESENTARÁ ESTE 22 DE MAYO EN LA SEDE DE LA BIBLIOTECA NACIONAL DE LA REPÚBLICA ARGENTINA
SE PRESENTARÁ ESTE 22 DE MAYO EN LA SEDE DE LA BIBLIOTECA NACIONAL DE LA REPÚBLICA ARGENTINA
I
Dentro
del hambre, hay un animal,
cerdo,
cordero o sabueso;
dentro
de su piel hay un hombre
que
intenta devorarse a otro.
Tu
deseo, amor mío,
es un
mendigo a ambos bordes de un arroyo,
dos
extremos sin dignidad ni apariencia propia.
II
Dentro
del animal hay un sueño,
dentro
del espejismo traspaso el cristal.
Me hago
transparente allí
y dejo
que mires a través.
Eso que
brilla al otro lado
es una
realidad, algún tipo de lirio,
alguna clase
de agua navegable.
III
Dentro
del cristal todo es silencio,
y
dentro de ese red está la palabra “padre”,
la
palabra “cordero”, la palabra “digno”.
Detrás
de una ventana todo lo que puede verse
le
pertenece al lenguaje.
Ese
vacío impronunciable aguarda a que llegues.
IV
Dentro
de la palabra “raíz”
crece
la hierbabuena,
la
invasión del agua en la tierra profunda,
la
cascada, una casa de hierro;
dentro
del muerto no se sabe
qué debemos
contemplar,
pero el
corte se hace en el medio
y se
entra lamiendo los bordes.
VII
Dentro
de la noche alguien zarpa por la costa,
intenta
huir, sin viento, sin rumbo,
flotando
dentro de su razón;
otro lo
mira:
ése que
lo despide es un vacío:
un
bote, agua, la madeja de piel
con la
que ya no se cubrirá en el viaje.
sábado, 21 de febrero de 2015
Facebook es “hermosa”
“Hermosa
tarde de sol con mi hermosa Anita”, titula una mujer que ha publicado la imagen
de una niña en sus brazos. “Hermosa carita”, titula una señora que escribe bajo
la fotografía de un perro cuyos tumores son una especie de estandarte del
infierno. “Hermosas”, titula alguien sobre la imagen de dos mujeres de sesenta cubiertas
de barro dentro de una piscina de lodo.
Miles de
publicaciones en Facebook determinan que casi todo es hermoso o bello. Leer
estos calificativos se ha vuelto tan vano como contar cuántos chicles han sido
escupido y pegoteados en la vereda de
una ciudad céntrica. La belleza, lo bello, lo hermoso se escupe por su
sinsabor, luego el tiempo lo decolora aún más y allí queda pegoteado en algún sitio
del tránsito público sin que nadie lo advierta jamás.
Cerca del
año 1200, el Cid se dirigía a las rosas (no
creo las rosas/ de la primavera/ sean tan fermosas/ ni de tal manera/ fablando
sin glosa…) o a una dama (moza tan
fermosa/ non vi en la frontera). Mucho después, Einstein configuraba una frase ya célebre: la vida es hermosa, vivirla es una
casualidad.
Recuerdo
que el adjetivo hermoso/hermosa era,
hasta no hace tanto, destinado a una cierta esencia, a una maravilla espiritual
indescifrable propia de algún enamorado, a una proporción noble presente en el
conjunto que componía las cosas: la vida, la rosa, la dama, esa música…
Me pregunto:
¿es realmente hermosa Anita? ¿Es hermoso el animal enfermo cuyos tumores están finamente
tallados en relieve? ¿Son hermosas esas mujeres que chapotean como lobos
marinos, mimetizadas con los litros de lodo de la piscina? ¿Puedo decir a todo
ello: no? ¿Digo “hermoso” porque la hermosura es tan poco determinante y
porque, al fin y al cabo, en Facebook, todo se reduce a lo que me gusta y a lo
que no me gusta? ¿Qué ocurriría si Facebook tuviera una opción que fuera “Me
angustia”?
No me
interesa qué es la belleza, no me interesa caer en el lugar común de indicar
que la belleza depende del observador o del oyente. Me interesa que en el mismo
momento en el que alguien titula con la belleza, la esencia del mensaje se
vuelve arena en el desierto, porque la belleza no es un título, no es racional ,
sino una evaluación que se desprende del ser y nos muestra en el mismo momento
en el que vemos las cosas.
Leo “bellas”
y sé que alguien allí miente; leo “hermosa” y sé que allí alguien moralmente no
puede soportar su culpa, la ausencia de esa culpa le diría que los tumores del
perro son asquerosos, intimidantes, deformes, perturbadores. Leo “hermosas” y siento
que alguien siente tristeza por esas mujeres y se compadece de ellas. Leo sin
creer y eso es imperdonable.
Facebook no
sólo va vaciando a lo realmente bello de su esencia, va ahuyentando a los
espíritus que erotizan las imágenes y las palabras porque en lugar de sugerirlos,
los determina. Cuando Ud. escribe “bello” no está sólo cumpliendo con un ritual
infame, Ud. está mostrándonos su cinismo y, además, priva al mundo de algo que legítimamente le
pertenece: una invisible capa traslúcida que da forma a todo lo que no tocan
los titulares.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
