miércoles, 19 de agosto de 2015

LITERAL




Entré al supermercadito que está a veinte pasos de la puerta de ingreso al edificio. Sólo necesitaba queso y algo que aún no sabía qué era. Así me pasa siempre que intento comprar con hambre animal. La chica que cortaba el fiambre, la anciana dueña del lugar y una clienta con ruleros y enguantada con un conjunto Nike blanco y negro cantaban junto a los Pimpinella, bailaban como podían entre tomates y conservantes.
"Nada más", le dije a la chica cuando me preguntó.
"¡Elegite
algo más o seguimos cantando!", me amenazó mientras bamboleaba la cabeza detrás del mostrador.
"Lo que me intimida de estos dos hermanos es que pasen la vida declarándose el amor, haciéndolo cuando cantan, los engaños", dije.
La música seguía pero ellas ya no bailaban.
"Pero con eso hicieron buena mosca", me dijo la dueña.
"¡¿Me engañaste, me mentiste?!", gritaba Lucía Galán.
"¿Qué más, aparte de enamorarse de su hermano, puede hacer usted por un poco de plata?", le pregunté a la dueña.
Me cobró el queso
crema y me fui sin saber qué más quería mi hambre animal, de ese lugar.



viernes, 15 de mayo de 2015

POZO

SE PRESENTARÁ ESTE 22 DE MAYO EN LA SEDE DE LA BIBLIOTECA NACIONAL DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

I
 
Dentro del hambre, hay un animal,
cerdo, cordero o sabueso;
dentro de su piel hay un hombre
que intenta devorarse a otro.

Tu deseo, amor mío,
es un mendigo a ambos bordes de un arroyo,
dos extremos sin dignidad ni apariencia propia.

 

II
 
Dentro del animal hay un sueño,
dentro del espejismo traspaso el cristal.

Me hago transparente allí
y dejo que mires a través.

Eso que brilla al otro lado
es una realidad, algún tipo de lirio,
alguna clase de agua navegable.


 
III
  
Dentro del cristal todo es silencio,
y dentro de ese red está la palabra “padre”,
la palabra “cordero”, la palabra “digno”.

Detrás de una ventana todo lo que puede verse
le pertenece al lenguaje.
Ese vacío impronunciable aguarda a que llegues.


 

IV

Dentro de la palabra “raíz”
crece la hierbabuena,
la invasión del agua en la tierra profunda,
la cascada, una casa de hierro;

dentro del muerto no se sabe
qué debemos contemplar,
pero el corte se hace en el medio
y se entra lamiendo los bordes.



VII

Dentro de la noche alguien zarpa por la costa,
intenta huir, sin viento, sin rumbo,
flotando dentro de su razón;

otro lo mira:

ése que lo despide es un vacío:
un bote, agua, la madeja de piel
con la que ya no se cubrirá en el viaje.



sábado, 21 de febrero de 2015

Facebook es “hermosa”


“Hermosa tarde de sol con mi hermosa Anita”, titula una mujer que ha publicado la imagen de una niña en sus brazos. “Hermosa carita”, titula una señora que escribe bajo la fotografía de un perro cuyos tumores son una especie de estandarte del infierno. “Hermosas”, titula alguien sobre la imagen de dos mujeres de sesenta cubiertas de barro dentro de una piscina de lodo.

Miles de publicaciones en Facebook determinan que casi todo es hermoso o bello. Leer estos calificativos se ha vuelto tan vano como contar cuántos chicles han sido escupido y pegoteados  en la vereda de una ciudad céntrica. La belleza, lo bello, lo hermoso se escupe por su sinsabor, luego el tiempo lo decolora aún más y allí queda pegoteado en algún sitio del tránsito público sin que nadie lo advierta jamás.

Cerca del año 1200, el Cid se dirigía a las rosas (no creo las rosas/ de la primavera/ sean tan fermosas/ ni de tal manera/ fablando sin glosa…) o a una dama (moza tan fermosa/ non vi en la frontera). Mucho después,  Einstein configuraba una frase ya célebre: la vida es hermosa, vivirla es una casualidad.

Recuerdo que el adjetivo hermoso/hermosa era, hasta no hace tanto, destinado a una cierta esencia, a una maravilla espiritual indescifrable propia de algún enamorado, a una proporción noble presente en el conjunto que componía las cosas: la vida, la rosa, la dama, esa música…

Me pregunto: ¿es realmente hermosa Anita? ¿Es hermoso el animal enfermo cuyos tumores están finamente tallados en relieve? ¿Son hermosas esas mujeres que chapotean como lobos marinos, mimetizadas con los litros de lodo de la piscina? ¿Puedo decir a todo ello: no? ¿Digo “hermoso” porque la hermosura es tan poco determinante y porque, al fin y al cabo, en Facebook, todo se reduce a lo que me gusta y a lo que no me gusta? ¿Qué ocurriría si Facebook tuviera una opción que fuera “Me angustia”?

No me interesa qué es la belleza, no me interesa caer en el lugar común de indicar que la belleza depende del observador o del oyente. Me interesa que en el mismo momento en el que alguien titula con la belleza, la esencia del mensaje se vuelve arena en el desierto, porque la belleza no es un título, no es racional , sino una evaluación que se desprende del ser y nos muestra en el mismo momento en el que vemos las cosas.

Leo “bellas” y sé que alguien allí miente; leo “hermosa” y sé que allí alguien moralmente no puede soportar su culpa, la ausencia de esa culpa le diría que los tumores del perro son asquerosos, intimidantes, deformes, perturbadores. Leo “hermosas” y siento que alguien siente tristeza por esas mujeres y se compadece de ellas. Leo sin creer y eso es imperdonable. 


Facebook no sólo va vaciando a lo realmente bello de su esencia, va ahuyentando a los espíritus que erotizan las imágenes y las palabras porque en lugar de sugerirlos, los determina. Cuando Ud. escribe “bello” no está sólo cumpliendo con un ritual infame, Ud.  está mostrándonos  su cinismo y, además,  priva al mundo de algo que legítimamente le pertenece: una invisible capa traslúcida que da forma a todo lo que no tocan los titulares.