Facebook es “hermosa”
“Hermosa
tarde de sol con mi hermosa Anita”, titula una mujer que ha publicado la imagen
de una niña en sus brazos. “Hermosa carita”, titula una señora que escribe bajo
la fotografía de un perro cuyos tumores son una especie de estandarte del
infierno. “Hermosas”, titula alguien sobre la imagen de dos mujeres de sesenta cubiertas
de barro dentro de una piscina de lodo.
Miles de
publicaciones en Facebook determinan que casi todo es hermoso o bello. Leer
estos calificativos se ha vuelto tan vano como contar cuántos chicles han sido
escupido y pegoteados en la vereda de
una ciudad céntrica. La belleza, lo bello, lo hermoso se escupe por su
sinsabor, luego el tiempo lo decolora aún más y allí queda pegoteado en algún sitio
del tránsito público sin que nadie lo advierta jamás.
Cerca del
año 1200, el Cid se dirigía a las rosas (no
creo las rosas/ de la primavera/ sean tan fermosas/ ni de tal manera/ fablando
sin glosa…) o a una dama (moza tan
fermosa/ non vi en la frontera). Mucho después, Einstein configuraba una frase ya célebre: la vida es hermosa, vivirla es una
casualidad.
Recuerdo
que el adjetivo hermoso/hermosa era,
hasta no hace tanto, destinado a una cierta esencia, a una maravilla espiritual
indescifrable propia de algún enamorado, a una proporción noble presente en el
conjunto que componía las cosas: la vida, la rosa, la dama, esa música…
Me pregunto:
¿es realmente hermosa Anita? ¿Es hermoso el animal enfermo cuyos tumores están finamente
tallados en relieve? ¿Son hermosas esas mujeres que chapotean como lobos
marinos, mimetizadas con los litros de lodo de la piscina? ¿Puedo decir a todo
ello: no? ¿Digo “hermoso” porque la hermosura es tan poco determinante y
porque, al fin y al cabo, en Facebook, todo se reduce a lo que me gusta y a lo
que no me gusta? ¿Qué ocurriría si Facebook tuviera una opción que fuera “Me
angustia”?
No me
interesa qué es la belleza, no me interesa caer en el lugar común de indicar
que la belleza depende del observador o del oyente. Me interesa que en el mismo
momento en el que alguien titula con la belleza, la esencia del mensaje se
vuelve arena en el desierto, porque la belleza no es un título, no es racional ,
sino una evaluación que se desprende del ser y nos muestra en el mismo momento
en el que vemos las cosas.
Leo “bellas”
y sé que alguien allí miente; leo “hermosa” y sé que allí alguien moralmente no
puede soportar su culpa, la ausencia de esa culpa le diría que los tumores del
perro son asquerosos, intimidantes, deformes, perturbadores. Leo “hermosas” y siento
que alguien siente tristeza por esas mujeres y se compadece de ellas. Leo sin
creer y eso es imperdonable.
Facebook no
sólo va vaciando a lo realmente bello de su esencia, va ahuyentando a los
espíritus que erotizan las imágenes y las palabras porque en lugar de sugerirlos,
los determina. Cuando Ud. escribe “bello” no está sólo cumpliendo con un ritual
infame, Ud. está mostrándonos su cinismo y, además, priva al mundo de algo que legítimamente le
pertenece: una invisible capa traslúcida que da forma a todo lo que no tocan
los titulares.