martes, 13 de mayo de 2014

MAMUSHKA



Vivo pegado a un tiburón, dentro del útero y esta intromisión trae a mí dos imágenes que atesoro: una es la de mi madre dentro de otra, como si las secuencias no pudieran evitar añadirse.
Eso me ha hecho pensar que el mundo funciona con una lógica carcelaria: si guardo algo dentro de la heladera, eso ya era leche, bacterias dentro de la olla, manteca dentro del papel, dentro de la mantequera, dentro de baúl de los lácteos, dentro del primer estante; luego, un tiburón como mi madre, abre la heladera y come, e incluso así alimenta a la madre que la engendra. Luego, yo abro los cajones y hay estuches, dentro hay lapiceras y más adentro cartuchos, tinta, partículas -negras, rojas o azules- e ínfimos organismos recubiertos de organismos. Y entonces escribo, esos seres ruedan por la extremidad del bolígrafo que los descarga sobre el papel y cada letra es una roca inmensa que los desmembra, un cementerio policromático que se alínea con el trazo. Imagino el papel como una zona blanca y pura hecha de médanos como los del desierto, por los que rueda, sube y baja, la tinta, valles de líquido estancado sobre los que flotan los cadáveres de las víctimas. En ese trazo yo me siento a esperar a que pase por mí la palabra. Aguardo ante los cadáveres que flotan como hombres que descansan sobre la línea del agua, un tour de algunas horas en un río de tinta. Los observo a la luz del papel, el brillo blanco es el estímulo suficiente para la imagen. 
Mi madre dice claramente que yo era un tiburón, y eso es lo que soy o al menos orbito en una realidad menos crítica. Entonces, tal vez cumpla mi función y, en lugar de aguardar pasivamente la oleada en medio de un médano, deba zambullirme y deglutir cada pequeño punto de la carroña. Lo importante es la incorporación de un cuerpo a otro. Son modelos de la naturaleza, me convenzo. 
Entonces es cuando llega la segunda imagen: se han encontrado úteros de tiburón –seguramente en pescas científicas o clandestinas-, dentro de los cuales estaban creciendo tres o cuatro crías. Los pescadores han hecho su esfuerzo para extraer a la madre, con sus redes. La han tajeado por el vientre para quitar las vísceras y allí han encontrado los pequeños que engendraba. Los han llevado a la cocina para que el chef los reboce –adviértase que éstos son cubiertos por harina-, luego los prepare, y, al abrirlos para extraer sus entrañas, han encontrado que ya estos contenían en sus vientres, pequeños tiburones, antes de nacer. Es sabido que nacen con dos hileras de dientes que les permiten cazar y alimentarse dentro del útero.
Los verdaderos tiburones sabemos que las paredes están hechas de sangre. Abro la boca y muerdo al que se me había adelantado. No era hambre verdadero, sino la oportunidad de que mi madre se sienta orgullosa: soy el único devorador que ha quedado en su vientre. El otro, ahora, se mueve en mí, tiene por qué vivir, incluso podrá alimentarse de los otros que han nacido dentro de mi universo visceral; dentro de todo se crean especies de mundos, engendros que prohíben y permiten al arbitrio de sus propias reglas.
Voy a dormir, todos tenemos la ilusión de la gran presa mañana: iré por la membrana que me engendra, comenzaré desde adentro, muy lentamente, royendo para no alertarla, si muere tan de pronto, es seguro que la soledad me mate.



viernes, 10 de enero de 2014

ES FEO, DA ASCO, ES TAN INMUNDO PERO ES REAL




¿Por qué Hollywood y los escritores escapan cuando no les conviene?
Leo blogs, leo libros, leo diarios, miro cine hollywoodense y del otro y siempre termino preguntándome por qué las mujeres perdidas en la isla de Lost no tienen pelos en las piernas, con qué los han cortado, por qué sus caras níveas permanecen sin poros cuando han estado días y días al sol y sin comer, por qué los hombres no lloran ante la angustia, por qué el olor a mierda no asquea a todos los pasajeros del avión hecho pedazos; por qué seiscientas balas son dirigidas al cuerpo de Stallone y ninguna lo raspa siquiera, por qué su cuerpo es musculoso y no es delgado, o discapacitado si lo importante son sus valores y su moral; por qué las casas de los protagonistas son bellas y los cuadros románticos adornan las paredes de las escaleras cuando EEUU. tiene un índice de pobres que supera la imaginación de cualquiera; por qué el amor es para siempre y el engaño, imperdonable -e incluso lleva a la muerte-.
He leído libros como los de Laura Restrepo o Isabel Allende (por nombrar a algunas) donde mujeres ancianas que han vivido toda su vida en una colina rodeadas de la misma nada tienen charlas con sus nietos o sus espejos como si se dirigieran a Heidegger o Freud, dónde han obtenido las palabras justas para explicarlo todo si han vivido siempre aisladas, cómo obtienen tal claridad mental. No soy ejemplo de nada, pero al menos sí un eje y puedo decir algo desde mi lugar: he oído gente muy pobre hablar y gente muy alejada de las capitales y sé de sus palabras simples y de su pragmatismo, sé que no es así de verborrágica, incluso nadie les ha permitido hablar, por sometimiento.
¿Por qué las escenas de robos muestran el inicio de la entrada del ladrón, luego algún que otro golpe a la víctima y luego la huida del tipo?; ¿por qué no mostrar los cuarenta minutos que dura la atroz experiencia, cada palabra que orada a la víctima, cada sensación de desgarro en cada golpe, cada milímetro de piel cortada?, ¿acaso no es eso lo que importa de un asalto: el dolor del violación a la propiedad, la violencia, lo imperdonable? ¿Por qué crear una escena tan traumática si no vamos a tener las agallas de enfrentarnos a ella y, luego, hacer que nuestros lectores o espectadores la padezcan? ¿No decía Aristóteles que eso sirve a la catarsis del público que se expurga, aprende y vive otras vidas?
Ahora, me pregunto, ¿cuánto del cliché reduce el trabajo de un artista? La mujer perseguida por el asesino cae una o dos veces en su huida sin que sepamos por qué -morirá sólo si no es la protagonista-; el asesino no corre tan rápido como puede para matarla, camina -y tampoco sabemos la causa-; por qué los villanos cuando tienen al héroe atrapado le explican el método con el que lo matarán y anticipan algo que luego deberíamos ver; si todo lo que luego veremos fuera explicado con antelación, el film o el libro debería durar, como mínimo, el doble de lo que dura.  Cuántos de nosotros deseamos que Tweety, Jerry o el Correcaminos sean por fin devorados sin explicaciones previas. Un gato y un coyote hambrietos qué filosofía deben explicar a sus víctimas acerca de lo que les manda su instinto. ¿El asesino no desea matar a la mujer delgada y bella?, ¿los villanos no han usado todo lo que hay a su alcance para atrapar a Batman? ¿El felino y el coyote no han dejado su salud para poder atrapar a su presa y finalmente lograr sobrevivir? ¿Por qué jamás lo logran? ¿Por qué jamás vemos con una cámara bien colocada el momento en el que el hecho atroz se consuma?, ¿qué nos pasa con eso?
Esta es una humanidad extraña. Más de treinta millones de personas han muerto a causa de la segunda guerra; cientos son torturadas a diario, robadas, violadas, golpeadas, maltratadas y perseguidas. Y aún me pregunto por qué la cámara y la letra no se atreven a escenas detalladas, puristas y bien posicionadas como la de la película  Irreversible -o las que suele mostrarnos el cine francés, por poner un ejemplo-, eso es real, es inmundo y doloroso, pero real; lo contrario es miedo, es antiético, es ser parte de la mentira. Lo peor de la mentira no es su ocultamiento, sino que eso provoca que nadie sienta, anestesia, adormece, aburre y simplifica experiencias que incluso la razón no comprende. 
         Seamos sinceros con nuestro texto: digámosle "no puedo..."; digámosle: "me siento superado por todo lo que quiero decir y, por eso, y por la salud de quienes van a leer he decidido mentirme".