miércoles, 29 de junio de 2016

ES UNA CREACIÓN ANTINATURAL



Nos besamos; boca y labios, lengua, saliva y dientes se convierten en el escenario de la criatura que comienza a integrarse. Nos besamos; en el hilo transparente tejemos primero una pierna, sus venas microscópicas e infinitesimales. Es antinatural, e imposible que sea concreto. Pero nos besamos, simplemente, y los movimientos profundos de las bocas logran ese olor a tierra recién removida, a piedra en el aire, a semilla asomada al agua.
Nos besamos; y en el hilo de saliva ya son dos las extremidades, dos más los latidos. Es desprolijo, eso es así en término de lo que se engendra. Pero debemos dejar de pensar en términos de qué es lógico o que no, más ahora, que nos desequilibra una criatura en la boca y es aún temprano para dejarla caer.
Nos besamos y es necesario alimentarla: sangre, sarro, restos de comida, cualquier material es útil para la integración. Nos besamos, el motivo nos excede, se consolida más allá de lo que supusimos como un simple fantasma; incluso es rotundo el parpadeo de sus ojos, la mirada posada tal vez en nuestros paladares, no podríamos saberlo, como es rotunda la sensación del cosquilleo cuando sus uñas crecen y al descuido las roza en las encías.
Nos besamos; y en el orificio ya no hay lugar para nosotros, para nuevos movimientos. Nos besamos casi inmóviles y el cuidado es excesivo con las contracciones de la garganta, que intenta tragar en un acto reflejo. Nos conminamos a no regatear esfuerzos. Nos besamos con mínimos movimientos y, sin embargo, sobreviene el ahogo. Es un instante raro, en el que podríamos morir, quisiera decir “morir”, pero tampoco es posible hablar, el deshago, la palabra es también un cuerpo y ocupa espacio.
Nos besamos; nos damos el derrotero para librarnos. No es simple aceptar la muerte, nada ha sido simple jamás, por qué pensar que esto debería serlo. Nos besamos, y tal vez sin haber tomado juntos esa copa de vino, sintiendo que nos roza como la arena. Nos besamos y es imposible pero oímos la voz, es seguro que entre los espasmos la oímos, por qué no aceptar el miedo, por qué no aceptar que quisiéramos cortar esta línea imaginaria que nos asfixia. 
Nos besamos; emerge, primero, como un nadador, luego aceptamos que sea sólo una lágrima, un pequeño trazo de ángel, lejos de su oasis.





martes, 28 de junio de 2016

CAJAS

   "Es un pibe tranquilo, es un pibe que no te va a traer problemas. No te va a cagar. Tiene pelos en la espalda, eso sí, a mí me da un poco de asco. Viste cómo soy yo... Pero no me hagas caso". Eso había dicho de mí un flaco al que conocí hace tanto, a otro flaco que conocí hace un poco menos.
   "Lo que tiene es que es pedante como él solo". Me pregunté si estaba bien que mi hermana hablara de mí con su novio. Él la escucha con un aspecto pensante y ascético. La oye con la mano en la barbilla y la mirada repasando la mesa como si fuera un trapo. Ella sigue: "pedante y no lo soporto". Él hace tres o cuatro años que está con ella, ya van por su segunda casa y la tercera discusión que casi los deja a ambos en la calle. Tienen cinco años menos que yo y me pregunto si hace cinco años yo me sentaba con mis amantes o lo que fueran a hablar de otros así. Él no opina casi nunca, pero de todos modos me avergüenza encontrarlo cuando nos mudamos o cuando tomamos un café y que sepa que soy pedante. ¿Cómo le demuestro que no lo soy?, me digo mientras vamos subiendo las cosas al camión. "Que no toque esa lámpara", pienso, por una lámpara blanca de vidrio torneado carísimo. Si la toca ella va a tener razón. ¿Qué otro si no un pedante tiene una cosa así? Esa lámpara es de pedante. Pero él ni la ve. Elige para llevar maderas, que uso como estantes, la cama, cajas pesadas con los artefactos de la cocina. No come. A veces no sé cómo logra sobrevivir y por eso me llama la atención su fuerza. ¿Merece saber todo de mí? Incluso si fuera una relación estable que ella tiene por primera vez en su vida. 
   "Tené cuidado con lo que le decís. Es un tipo jodido de esos que siempre andan buscando atrás de las palabras. Ni una menos, ni una más. Lo que pasa es que estudió no sé que cosa del discurso y algo de eso maneja. Es como un ancla, se te clava en el fondo de lo que estás diciendo y no la desenganchás con nada. A mí me ha hecho llorar varias veces". Eso le había dicho una examiga a una amiga. Y supongo que lo dice por el día en que se fue de la casa de sus padres. Metió tres o cuatro pavadas personales en un morral y se vino a la mía. No por ese día, si no por el posterior, en el que Antonella y yo nos sentamos a caballo de uno de los bancos de la plaza a la que solíamos ir en nuestras épocas de estudiantes universitarios. Allí estábamos cuando ella encendió el cigarrilo y arrancó. "Mi vieja hace lo que quiere con mi viejo. Él es buen tipo, pero un boludo. ¿Sabés que me dijo ayer, la hija de puta?, que soy un tanque y que así de gorda estoy por ser una vaga que no sirve para nada". Pita varias veces. "Es una hija de puta. El departamento que me compró es para manipularme como a él. Por eso no quise ni pisarlo. Ahora tengo que traer todo lo que fui llevando y ver dónde me meto". Pita varias veces más. "Fijate: me compró un televisor, las camas, un juego de comedor. Obvio que para que todos piensen que ella es una buena madre y que yo quede como una pelotuda". Pita dos o tres veces. Apaga el cigarrilo y enciende otro. Llora con unos grititos que hace que los transeúntes la miren. "Me están mirando. ¿Qué mierda miran estos pelotudos?". Le dije: miran a una mentirosa inútil y eso a la gente se le huele como se huele la mierda. Después de eso, se fue de casa. Volvió a poner en el morral las tres o cuatro cosas que había traído. Creo que terminó en lo de otra amiga en común a la que sí Antonella le resuelve mucho de su vida, al hacerle creer que en el mundo hay alguien peor que ella. 
   "Se va de nuevo. Así no tiene que enfrentar que es un grano en el orto con todo el mundo. Dice que quiere empezar de nuevo en otro lugar. Es un sorete que va a flotar de una punta de la orilla del Atlántico hasta la otra orilla". Eso lo dice mi padre. Punto.