LA MÁCULA
-¿Nunca le
preguntaste si había tenido antojos por tu embarazo?
-La verdad que nunca
me había visto eso.
Mi madre me
confirmó varias cosas: que nunca supo el nombre de lo que la había sometido en San Pablo, y que extrañamente mi padre
tenía la misma mancha de nacimiento color ocre, también a un costado de la
ingle.
Si no era una noche
calurosa, qué era; si no era una bebida refrescante a orillas del mar, a qué
sabría; si no tenía una definición, cuál sería el tamaño de su antojo.
Comencé a rozar la
mancha en mi cuerpo con las yemas de mis dedos una madrugada, y, sin saber si era cierto o un probable invento
para intervenir mi piel, accedí a la confirmación de que esa porción era más
blanda que otras partes y de la palabra mancha, surgió “mansa” de mí.
Por las noches
bordeaba la mansa hasta dormirme pensando en la construcción de las zonas
erógenas que describía Freud, el enamoramiento de la madre y los celos hacia
el padre. La mano de la madre hurgando, como una vara sucia por las vísceras, el ave recién nacida; rama muerta de la madre depositando un brote de su antojo.
Si yo tenía en el
cuerpo un "olvido" de mi madre, probablemente mi padre llevara en su cuerpo una evasión
de la suya; esto permitía pensar que, si mi padre y yo llevábamos la misma
marca, eso era la hegemonía del deseo de mi abuela por sobre el de mi madre. La
mano de la mujer se superponía con otra mano y ahora lo que horadaba era inclemente y casi garra.
Con el tiempo fui
descubriendo que cuando me tocaban la mancha, una tensión sobre los
acontecimientos se deslizaba por el abdomen, no de un modo
fotográfico y convencional, sino de un modo diacrónico e intermitente: sobre la
piel, un gato rozaba su lengua áspera dentro de mí; sobre el pensamiento, yo
era indescifrable ante cualquiera, al mismo tiempo impronunciable para mis predecesores.
Luego de un verano,
la mancha se expandió, no de un modo preocupante, pero sentía que sus bordes, más
claros e imperceptibles, se configuraban como un mapa nuevo. Era un circuito no repetido en la zona del resto mi piel.
Eso sin nombre ¿se habría agrandado también en mi sosía?, ¿sería lamido por una hembra desde adentro como un gato?
Uní mi cuerpo al de mi gemelo, nuestras ingles juntas, la mancha se abría como un rastro o un surco pequeño, la lengua de mi madre -lengua materna- a punto de pronunciar algo primordial allí, el antojo como una boca bien dentada, parasitaria; para que se oiga que el deseo puede no siempre convertirse en palabras.
Eso sin nombre ¿se habría agrandado también en mi sosía?, ¿sería lamido por una hembra desde adentro como un gato?
Uní mi cuerpo al de mi gemelo, nuestras ingles juntas, la mancha se abría como un rastro o un surco pequeño, la lengua de mi madre -lengua materna- a punto de pronunciar algo primordial allí, el antojo como una boca bien dentada, parasitaria; para que se oiga que el deseo puede no siempre convertirse en palabras.
Sin embargo,
cuál era el acto por el cual la omisión coincidía con la de las demás mujeres
del clan, cuál era la génesis del orificio. Nunca se había hablado de los rastros de los hombres anteriores, pero de eso no podía inferirse que ellos no los tuvieran. Uní los cuerpos, el del hombre que me había engendrado, al mío; el del hombre que lo había engendrado, al suyo; los tres fuimos traspasados por el mismo
torpe antojo, el mismo infinito. Eso sin nombre era como un anzuelo, nosotros vivíamos en el río
revuelto, donde la forma del gancho era
igual que la de un signo de pregunta.
Querido Sergio, por mi corta experiencia en la escritura te diré que tu trabajo de huida de la "caverna" es muy parecido al de salida de lo particular a lo general.
ResponderEliminarMe en can tó... Cómo vos decís, hay un trabajo de construcción de lenguaje.
Besotes, Marta
Gracias Marta. Ya sólo nos queda una mancha, es poco, pero al menos es lo que ata al hilo de la cultura.
ResponderEliminarUn gran abrazo.
Saludos, de un Amigo Fiel
ResponderEliminarUy, estimado Sergio, relato tenso, o tensión psicológica, ... es imposible ordenar el caos, - dicen -, porque cada cosa se esfuerza en perseverar en su propio ser ... personalizamos al todo para salvarnos de la nada... con el pensamiento determinamos las cosas, sin embargo la diferencia entre el pensamiento abstracto y el no abstracto es que el uno, el abstracto no es nada más que inteligencia, es decir, necesitas matar algo en tu mente para comprenderlo, si no lo matas no lo comprendes... el relato tiene entrañas, tiene un dentro, que rompe los límites del lenguaje. Abrazos, Ro
ResponderEliminarRo, es imposible oir hasta el último grito de un eco, pero no podemos no intentarlo. ¿Qué pasará? es la mejor pregunta.
EliminarUn beso que vaya hasta Chile.
imposible?... enternecerse o flaquear, Sergio?... en el caso que sea la voz interior que regresa a nuestro oído.
EliminarRelato oscuro, desmembrado y caótico (¿onírico?) ...búsqueda y descubrimiento del propio ser. Sobre lo que somos, el amor y los deseos filiales, el resultado de un deseo, el deseo de lo que fuimos, el deseo de lo que debiéramos ser. Felicitaciones. Abrazo, Ser
ResponderEliminarAsí dice un psicoanalista muuuy conocido: amamos lo que fuimos, amamos lo deseamos ser, amamos lo que nos refleja.
EliminarGracias Sr. Schill!
Saludos, de un Amigo Fiel.
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