LA FORMA DE LAS NUBES
-¿Vamos al cielo
de verdad? ¿Por el agujero grande o por el agua? –pregunta Catita mientras papá
Andrés termina de ponerle el pijama y enciende la linterna.
-Hay que encender
la luz. A ver… -dice papá Andrés, mientras apaga la lámpara que está al costado
de la cama de su hija.
-Pero que no caiga
ni una nieve –dice Catita.
-Primero nos
ponemos las antiparras. Y tenés que llevar las alas de paloma para subir cuando
lleguemos. ¿Ya las pintaste? –pregunta papá Andrés.
-Sí, y almohadas
de los brazos y las piernas para no golpearse –responde Catita.
-¿Entonces yo me
pongo la campera de alas también? –pregunta papá.
-Sí –dice Catita.
-Y después te
pongo tu camperita para que cuando nos suba el viento no te dé frío.
-Para que no me haga frío. Y patas de pato para salpicar. Pero en la mochila.
-Patas de rana
verde para mí. Después te pongo tu pantalón suavecito que hace cosquillas. Y
por último, tu gorrito de minero.
-¿Pero está oscuro?
–pregunta Catita
-No sabemos, puede estar. ¿Nos falta algo? –pregunta papá.
-No sé...
-¡Hay que llevar la
brújula que nos dio el abuelo! No podemos perdernos. La cargamos en tu mochila
–dice papá Andrés.
-No me acuerdo qué
es la brújula –dice Catita.
-Es un reloj
que nos dice dónde ir. Pero también le podemos preguntar a algún animal.
-Por qué tenía
brújula el abuelo –pregunta Catita.
-Porque te la
quería regalar para que no nos perdiéramos cuando viajamos al cielo –contesta
papá Andrés.
-Ah, sí…, cierto.
¿Y la brújula tiene una boca que te dice? –dice Catita.
-Sí, es como un
teléfono pero habla sola. Ella sabe si estamos perdidos. ¿Y ahora?
–Pregunta papá.
-Salimos –contesta
Catita.
-Hay que llevar un pan y lechuga por si algún
animalito tiene hambre, o por si lo queremos llamar y que nos diga por dónde es
el camino.
-Yo lo agarro, y
lo guardamos en mi mochila –dice Catita.
-Muy bien. Ya
tenemos todo. Ahora sí. ¿Preparada? –pregunta papá Andrés.
-Sí –dice Catita.
-Entonces te
agarro de la mano y yo también me pongo mi gorrito. Voy a abrir la puerta y
vamos a salir.
-¿Hoy es la mañana
o la tarde? –pregunta Catita.
- Hay mosquitas en
la higuera, y si mirás el pasto que está lejos, se mueve y te marea. Así que
debe ser la tarde. Vamos a caminar por una calle. Chau, señora de la canasta –dice
papá Andrés.
-¿Le damos un
poquito de pan?
-Le damos si nos
pide –dice papá Andrés.
- Ah, sí –recuerda
Catita.
-¿Vamos a cruzar
la calle? Creo que del otro lado vi un pasadizo –susurra papá Andrés.
-Sí, pero no
quiero que haya un tiburón –contesta Catita.
-¿Pero qué hay que
hacer antes de cruzar? –pregunta papá Andrés.
-Ver si hay un
auto –dice Catita
-Miramos para acá.
Para allá. No vienen autos. Te agarro la mano. Y sí... ahí está el agujero
grande, adentro de la tierra –dice papá Andrés en voz baja.
-¿Se mete por abajo
de la tierra? –susurra Catita.
-Sí. Tenemos que
bajar con muuucho cuidado.
-Despacito. ¿Y
tenemos que prender la luz? –pregunta Catita.
-Eso mismo. Vamos
a prender la de tu gorrita. ¿Vos vas alumbrando?
-Sí –contesta
Catita.
-¿Y qué vemos?
–pregunta papá Andrés.
-Un barco –murmura Catita.
-¡Es un barco! No
me había dado cuenta –dice papá Andrés- ¿Cómo habrá llegado hasta abajo de la
tierra?
-Porque antes
había agua y se rompió –responde Catita.
-Pasamos por al
lado del barco. ¿Hay piratas? –pregunta papá Andrés.
-Sí, pero algunos están
dormidos y otro que llora –dice Catita.
-Hay muchas lágrimas
y se están formando charquitos. Plaf plaf plaf.
-Sí, porque está
triste por el barco. Y también hay un pescado con los ojos salidos –dice
Catita.
-Pobre pirata.
Nosotros tenemos que nadar –dice papá Andrés.
-¡No!, ¡no hay
tanta agua! –dice Catita.
-Ah, qué susto. Yo
pensé que sus lágrimas nos iban a llenar de agua. ¿Y qué va a pasar con el
pescado? ¿Cómo es? –susurra papá Andrés.
-Tiene granitos. Y
chorrea un poquito de jugo.
- Pobre pescado.
Me da un poco de miedo… –dice papá Andrés.
- No, porque es
así, es bueno, no te hace nada me dijo el abuelo –contesta Catita.
-El pirata nos
está sonriendo, parece que te escuchó y nos saluda… Chau, pirata. Hay que seguir
el camino, Cati, así llegamos más rápido. Seguí alumbrando que está oscuro
–dice papá Andrés.
-¿Y si me asusto? –pregunta Catita.
-Ya falta poquito
para salir. Me parece que allá veo algo. Qué será –pregunta papá Andrés.
-No sé –dice
Catita
-No hay que tener
miedo. Debe ser un amigo.
-Sí, un pájaro que
yo dibujé un día –dice Catita.
-No puede volar
como hacemos nosotros –dice papá con cara triste-. Tenemos que llevarlo afuera
y que use las alas.
-Sí, pero yo le
hice alas grandes como mariposas –dice Catita.
-Mirá esa luz
allá, ¡como una luna al final! Me parece que veo la salida. Vamos. Vos agarrás
al pajarito. Lo ponemos en mi mano. Vamos a llevarlo afuera para que vuele
–dice papá Andrés.
- ¿Es grande?
-No, es chiquito
como una mano cerrada. Estamos saliendo por un agujero lleno de sol. Apagamos
la linterna. ¡Es un bosque! –dice papá Andrés.
-¿Y qué hay?
–pregunta Catita.
-Tenemos que averiguarlo,
porque es muy grande. Pero por acá se llega me parece. ¡Hora de mirar
con nuestras antiparras! ¿Qué ves, Cati? –pregunta papá.
-Árboles y hojas
para dibujar -dice Catita.
-Escuchá el
ruido de las ramas… hace como el mar… Son árboles de muchos colores. Y está todo
lleno de hojas. Se puede dibujar con las ramas, con los animales, con un pasto,
con una piedra.
-Y con los dedos
–dice Catita.
- Sí. ¿Ponemos al
pajarito en el pasto o sobre una hoja para dibujar? -dice papá Andrés.
-Ahora quiere
volar. ¿Podemos ir con él? –dice Catita.
-¿Lista para subir
a un árbol? –pregunta papá Andrés.
-Lista. Pero no
nos soltamos la mano –dice Catita.
-No, claro. Vamos
cerrando los ojos. Esperamos un poquito a que venga el viento. Y vamos subiendo
des… pa… ci… to… -susurra papá-. No nos soltamos. Vamos a dibujar frutas. ¿Cuál
querés?
-Peras. ¿Yo hago
dos naranjas para la abuela? –pregunta Cati.
-Claro. Agarramos
una pera para vos, una manzana para mí y dos naranjas para la abuela. ¿Las
dibujaste? ¿Las ponemos en tu mochila? –pregunta papá Andrés.
-Sí, listo. Pero
una no me salió como pera –dice Catita.
-¿Y qué gusto
tendrá? Debe ser como mermelada. Entonces abrimos tu mochilita. Ponemos las
naranjas. Y nos sentamos en una rama a comer tu pera y mi manzana –dice papá
Andrés.
-Sí –dice Catita.
-¡El cielo
también es de hoja de dibujar! Agarremos una flor y pintemos, Catita –dice papá
Andrés.
-Las nubes con
formas de pelota… una nena arriba de un globo… ¿Ya estamos más cerquita de las
nubes? –pregunta Catita.
-Hay muchas
nubes, es verdad. Pero falta caminar un poquito más para llegar a las
verdaderas. Pero… ¿por dónde tendremos que ir? ¿Será ese camino de allá abajo?
–pregunta papá Andrés.
-No sabemos… -dice
Catita.
-Y yo veo un
animalito. Me parece que es un venado. Tenemos que bajar a preguntarle –dice
papá Andrés.
-¿Cómo es un
venado? –pregunta Catita.
-Tiene la nariz
de topo y la piel de pelusa. Cuando corre se le enredan las patas, pero no hay
que subirse arriba porque le duele la cintura –dice papá Andrés.
-Como la tía Beba.
Y yo le voy a dar lechuga –dice Catita.
-Dame la mano.
Vamos a esperar que el viento venga. Esperamos quietitos en la rama… ¡Ahí viene!,
nos va llevando suavecito para abajo. Qué suaveeciiito… y llegamos hasta el
pasto –dice papá Andrés.
-No hay que
subirse porque no es caballo como Manchi. ¿Tiene hambre? –Pregunta Catita.
-Tenés que agarrar un pedacito de lechuga de tu mochila y acercárselo
para que coma.
-Yo lo hago.
-Sí. Hablemos
bajito. Nos acercamos con pasos chiquitos, con mucho cuidado porque no hay que
asustarlo. Somos amigos. El venado viene con cuidado, porque tiene miedo –susurra papá Andrés.
-Pero no nos vamos
a subir –susurra Catita.
-No. Pero igual
viene despacio y se acerca a tus dedos –susurra papá-. No tengas miedo. Estirá
el bracito que él con su hocico lo va a oler.
-¿Qué es un hocico?
–susurra Catita.
-La boca de los
animales. Entonces con la boca lo agarra de tus dedos y lo come y nos dice “gracias
amigos” –dice papá Andrés.
-Pero las
naranjas no se las podemos dar porque son para la abuela Mema -dice Catita.
-Claro. Pero nos
quiere decir algo. ¿Vos lo oís? Yo no puedo porque habla bajito… -dice papá
Andrés.
-Dice que él sabe
dónde es el cielo de verdad –dice Catita en voz de secreto.
-¡Vamos! ¡Ya
estamos por llegar, parece! Hay que seguir por este camino de tierra que
dibujaste. A los costados está lleno de árboles de colores, y puertas y comida,
y nubes –dice papá Andrés-. ¡Cuántas cosas que dibujaste!
-Y grillos y un
caballo.
-¿Te gustaría que
llamemos al caballo, así le preguntamos si nos quiere llevar? –pregunta papá
Andrés.
-Sí. Tengo que
cortar un pedacito de pan para que venga.
- Muy bien. Sacamos
el pan de tu mochi. Lo cortamos. Y el caballo viene porque tiene hambre y no
llega a comer las frutas que están arriba de los árboles.
-Es Manchita del
abuelo. ¡Vení Manchita! (pero bajito lo digo…)
-Sí, tiene
manchitas de muchos colores. ¿Serán de caramelo? ¿Nos subimos?
-¡No son
caramelo! Son de pelusa de venado –susurra Catita.
-Él nos dice
gracias por el pan que le dimos y nos deja subir a su lomo. Nos agarramos
fuerte de la soga porque corre rapidísimo. El viento nos da frío en la cara.
Qué fuerte que corre –dice papá Andrés.
-¿Tiene sed?
-Donde vamos hay
mucha agua, así que él va a poder beber allá. No nos soltamos de las sogas
porque ¡va muy rápido! ¡Yo te agarro fuerte, Catita, no te preocupes! ¿Te gusta
el viento fuerte? –pregunta papá Andrés.
-¡Sí! –grita
Catita.
-Pasamos una casa
muy alta con una torre. Un elefante sin pintar… solamente con sus rayitas
negras. Saltamos por adentro del elefante transparente.
-¡Chau, elefante!
–dice Catita.
- Tenemos que
frenar porque ¡ya llegamos! Decile que frene –dice papá Andrés.
-¡Frená, Manchita!
–dice Catita.
-Ya está. Nos
tenemos que bajar. ¡Llegamos! Qué linda es esta montaña petisa, qué suavecito
que es el pasto. ¿Todo esto dibujaste vos?
-Sí, con la
señorita -dice Cati.
-Y más allá hay mucha
agua para que tome Manchita. Los árboles se ven lejos, atrás. Ya los pasamos.
Mirá qué cerquita tenemos el cielo –dice papá Andrés.
-¿Acá hay viento
para subir hasta las nubes de verdad y ver a mamá? –pregunta Catita.
-Sí, mi amor.
Llegamos. Ahora… tenemos que ir cerrando los ojos… y esperar un poquito… –dice papá Andrés mientras apaga la linterna
de la mano de Catita. Él también esperará a que mamá venga a darles el beso,
por el que viajan todas las noches, antes de cerrar los ojos y dormir.
El texto "La forma de las nubes" Obtuvo el 2do Premio en el Concurso de cuentos infantiles María Elena Walsh. Fue publicado en el libro 20 Cuentos infantiles, Editado por el FEN. Jurado: Ana María Shua, Graciela Falbo y Genoveva Arcaute.
ResponderEliminardesde una perspectiva estructuralista es un relato dialogado, visual/mente dibujado, narra un hecho ficticio como si fuera real, ahora bien, el quid es despertar/conducir la imaginación de la niña, como simbolismo, por un lado y, por otro, generar aprendizaje con respecto a la muerte de un ser querido, jugando. excelente planteamiento, nudo y desenlace. vocabulario ajustado a una narrativa infantil que hace referencia a valores positivos, cuando la crianza se viene solo o sola. bss, Ro
ResponderEliminarRo, muchas gracias por la luz. Te cuento una experiencia que me llenó de alegría. Hace un mes me llamó una maestra, para contarme que había trabajado el cuento en su clase con niños de 7 cuando se enteró de la muerte de la mamá de uno de sus alumnos. Jamás imaginé, mientras escribía, que el texto podría servir para hacer reflexionar a chicos tan chiquitos acerca de un tema que tampoco nosotros podemos afrontar.
EliminarMe pareció maravilloso este otro "fin" que esta maestra la dio. Y sí, es cierto, ¿qué hacer cuando los nenes pasan por estas situaciones?, ¿el silencio habitual?
Un beso.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Eliminares la ventaja de editar en soporte papel, Sergio, porque como se dice, los libros tienen alas, por ende vuelan, y uno/a nunca sabe en que árbol se van a posar. y, si, el cuento es pedagógico, lleva en él una forma/fondo didáctico, instructivo, educativo para los maestros, padres, madres, como método de enseñanza adecuada para niños/as, en los cuales la imaginación ocupa un rol principal. (a mí me llenó de ternura, como madre que soy). abrazos.
Eliminarfabuloso...sin palabras. saludos
ResponderEliminarGracias por leerlo, María. Como te dije en forma privada. Yo siento a Catita de un modo que jamás sentí a mis personajes.
EliminarUn saludo.
Las cosas se organizan en un mundo lleno de recuerdos y amor, Sergio, no te conozco, pero es como si te conociera.
ResponderEliminarAldana