sábado, 21 de febrero de 2015

Facebook es “hermosa”


“Hermosa tarde de sol con mi hermosa Anita”, titula una mujer que ha publicado la imagen de una niña en sus brazos. “Hermosa carita”, titula una señora que escribe bajo la fotografía de un perro cuyos tumores son una especie de estandarte del infierno. “Hermosas”, titula alguien sobre la imagen de dos mujeres de sesenta cubiertas de barro dentro de una piscina de lodo.

Miles de publicaciones en Facebook determinan que casi todo es hermoso o bello. Leer estos calificativos se ha vuelto tan vano como contar cuántos chicles han sido escupido y pegoteados  en la vereda de una ciudad céntrica. La belleza, lo bello, lo hermoso se escupe por su sinsabor, luego el tiempo lo decolora aún más y allí queda pegoteado en algún sitio del tránsito público sin que nadie lo advierta jamás.

Cerca del año 1200, el Cid se dirigía a las rosas (no creo las rosas/ de la primavera/ sean tan fermosas/ ni de tal manera/ fablando sin glosa…) o a una dama (moza tan fermosa/ non vi en la frontera). Mucho después,  Einstein configuraba una frase ya célebre: la vida es hermosa, vivirla es una casualidad.

Recuerdo que el adjetivo hermoso/hermosa era, hasta no hace tanto, destinado a una cierta esencia, a una maravilla espiritual indescifrable propia de algún enamorado, a una proporción noble presente en el conjunto que componía las cosas: la vida, la rosa, la dama, esa música…

Me pregunto: ¿es realmente hermosa Anita? ¿Es hermoso el animal enfermo cuyos tumores están finamente tallados en relieve? ¿Son hermosas esas mujeres que chapotean como lobos marinos, mimetizadas con los litros de lodo de la piscina? ¿Puedo decir a todo ello: no? ¿Digo “hermoso” porque la hermosura es tan poco determinante y porque, al fin y al cabo, en Facebook, todo se reduce a lo que me gusta y a lo que no me gusta? ¿Qué ocurriría si Facebook tuviera una opción que fuera “Me angustia”?

No me interesa qué es la belleza, no me interesa caer en el lugar común de indicar que la belleza depende del observador o del oyente. Me interesa que en el mismo momento en el que alguien titula con la belleza, la esencia del mensaje se vuelve arena en el desierto, porque la belleza no es un título, no es racional , sino una evaluación que se desprende del ser y nos muestra en el mismo momento en el que vemos las cosas.

Leo “bellas” y sé que alguien allí miente; leo “hermosa” y sé que allí alguien moralmente no puede soportar su culpa, la ausencia de esa culpa le diría que los tumores del perro son asquerosos, intimidantes, deformes, perturbadores. Leo “hermosas” y siento que alguien siente tristeza por esas mujeres y se compadece de ellas. Leo sin creer y eso es imperdonable. 


Facebook no sólo va vaciando a lo realmente bello de su esencia, va ahuyentando a los espíritus que erotizan las imágenes y las palabras porque en lugar de sugerirlos, los determina. Cuando Ud. escribe “bello” no está sólo cumpliendo con un ritual infame, Ud.  está mostrándonos  su cinismo y, además,  priva al mundo de algo que legítimamente le pertenece: una invisible capa traslúcida que da forma a todo lo que no tocan los titulares.


1 comentario:

  1. belleza sería lo que resulta atrayente o común a todos o a la mayoría de las personas porque tiene un impacto emocional, pero donde se detenga/ o detiene la razón es posible que no haya belleza en los conceptos de la existencia humana, si el ojo pudiera observar los propios defectos. ABRAZOS consecuentes.

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