sábado, 8 de abril de 2017

Mares sin playas, sin domingos mirando el movimiento felices, sin rugidos. Mares sin espacio, sin viento, sin niños que horaden la arena húmeda. Vientos sin pliegue en las ropas, sin entrecerrar los ojos, sin fotografías que los detengan, sin treguas de sol y brillo cegador, sin moscas que busquen guarecerse. Arena sin ángeles, sin botellas vacías, sin operaciones, sin cangrejos ni enamorados perforándose, ni deportistas en la orilla, sin sudor. Agua sin donde sea, sin relajantes burbujas de yodo, ni peces, ni algas adheridas al tobillo, sin inmensidad. Aguas sin sed. 
   Su corazón...
   Piel sin roces, sin hastío, sin ojos como ampollas, sin el empuje de la contemplación, sin tránsito adentro, sin secuelas del año que pasamos. Cuerpo sin intensidad, sin sombras que agrisen lo que la piel enrojece, sin cumbres escaladas, sin dos o más, sin gritos en el radio de dos o tres que quitan, sin más allá de ese grito. 
   Perros sin mil caminos, sin sacudidas antes del almuerzo, sin lomos de camello, sin lobo donde sumergirse, sin agua que remedie lo que sangra. Ojos sin peces en el río, sin profundidad, sin ver el corazón hambriento sin la visión más amplia.
   Su corazón, una línea que descendía en el monitor, sin ventajas, su corazón atemperado, sin intermitencias, sin ascensos. 
   Cuándo, sin la postergación, sin aquello ni esto, sin la hija del capitán, sin su desnudez de sonámbula. La huida sin pisadas cautas, sin salida abrupta, sin miedo, sin venganzas, sin huellas para el detective. 
   Su corazón alineado sin mesura, sin el secreto de lo que hace, ni de cómo lo hace, su corazón abierto por la tajada verde impertérrita y sin ascenso, sin noticias de la nueva vida, sin museo donde expondremos sus resacas, su obra, su tentación.
   Vueltas en la medianoche sin sondeos, sin almohadón de nubes, sin lluvia trivial y acompasada, sin hierro en la calle, sin chispas en el arrastre, algo caliente en contacto con el cemento, sin que algo luego se enfríe.
    Su corazón era un zumbido...
    Humo traqueteando como un vagón, sin rieles, sin ver la línea que dirige al durmiente. El durmiente, sin otro ni yo, durmiente: uno, sin línea, sin dos, sin espesar en el aire, sin arder lo suficiente. 
    Su corazón era un zumbido...
    Ojos rojos por la mañana, sin brillo, sin otra foto que opaque la membrana, sin transfiguraciones después del amarre al marrón, sin desnudos llenando lo azul. Lo azul sin ausencia de límite, sin negro, sin sombra gateando harapienta, sin par de noches. 
    Los huesos de la hija, sin hipnosis, sin ligar a la membrana del arrastre, sin el crujido de lo encendido, sin voz de más, sin mí, sin dos, sin el estallido del arranque, sin la pregunta por la curva. Curva sin inicio, sin cabeza de pescado, sin morder el alambre, sin la suficiente boca. El signo de la caza, de la huida, sin el amor al hambre. 
    Despertar sin la sonrisa para los tontos, sin preguntarse cómo puede uno sonreír así, sin eso y sin saber para qué continuar catalogando cartas, sin el día nuevo que deja la viejo predicamento de piel en la ducha, sin saber el papel que debe interpretar. Papel sin nombre por la mañana, sin la criatura en la que se convierte uno al salir del sueño.
    Somos invisibles sin celofán del domingo, sin el traslúcido verde de los días de cada semana, sin el crujido abollado de un piano una vez el mes en el concierto, sin el brillo del azar que se refracta para dar formas. Aún así, la luz pasa transformada sin más que cartas.
   Ha llovido aquí todo el día, sin sensiblerías. La lluvia ha dejado de ser un mundo de sensiblerías. Gotas sin nadie que abuse de ellas, sin verlas picar la tierra, sin diminutos trozos de un manjar, sin oír el descenso de la burbuja, la respiración del aire liberado, sin esa respiración invisible del mundo. 
   Los ojos sin el secreto en la mano, los ojos como un puño cerrado y ciego que va a estallar, la superficie dura sin la paciencia para esperar ser partida. Lo que cruje en el ojo y ve lo que ha partido. Lo imaginario sin equivocarse en odiar la causa, la causa sin realidad, sin la fractura que la convierta en párpado, en en algo que se cierra.
   Su corazón.

No hay comentarios:

Publicar un comentario