miércoles, 8 de mayo de 2013


Plumas


Celda de una cárcel. En la pared frente a él, está escrita con piedra la palabra “plumas”.


André –(Parado sobre las puntas de los piés, las manos alzadas hacia el cielo y con la cara hacia arriba. Luz desde el piso hacia su rostro. Habla con el español afrancesado) Eran las 7, Marguerite… y París había dejado de arder. (Señala una nube) Son pájaros, en vez de bombas, insististe, en que no habíamos volado y debíamos irnos… y yo te sostuve porque ya era imposible seguir huyendo. Y te toqué… la cara… Berlín era una turba de piedra. (Toma la piedra y escribe “Berlín”.) Nos tomamos de la cintura y vimos esos patos, regresando desde Saint Martin, Daumesnil. (Vuelve a mirar el cielo con los brazos en alto). Abrimos los brazos, porque, de sus alas, caían, gotas, piojos y nosotros hacía varios días, que no bebíamos, dentro de la zanja en la que nos ocultábamos. Nos aprovechamos de esa agua, como si fuera lluvia, Marguerite. Abrimos la boca, solos, en medio de la calle, como si fuéramos ciegos (Escribe la palabra “agua”.) Y a nuestro alrededor, plumas, ¡tantas plumas!, por esas aves que al fin regresaban. Te vi, ir hacia una de ellas. Tus manos, atrapaban, todo lo que, había, en el aire. El agua continuaba cayendo, como en un sueño. Te vi…  en el piso, entre escombros y excrementos, estiraste la mano para alcanzarme… una. (Escribe la palabra “aire” y toma la pluma que está en la mesa.) Y ahora… ya todo, es nuestro, y yo te veo, Marguerite, en esta luna, ¡esta luna miserable!. Y hoy… hoy… Ya no logro darle nombre a nada de lo que nos une. (La luz se va de su cara y se apaga).

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