LOS OJOS EN LA BOCA DE LA BESTIA
"Antes de ser descubierto, el salvaje fue previamente inventado."
G. Cocchiara
No podemos cerrar los ojos y yo te abrazo y no te abrazo para que duermas.
Después giro hasta el acantilado. Cuántas fatalidades se desmantelan en el hueco que va de mi cabeza a las rodillas. No te despiertan esos gritos que se suicidan; aún así sé que tampoco podrás armar la imagen para el sueño. Te imagino recorriendo las grutas que tallaron los esclavos, caminás semidormido por la larga marcha de sus rieles, las bestias no rugen: sueñan, incluso hambrientas. Te entregaría por ofrenda, todo lo haría para evitarte este consentimiento.
Estos libros, pienso, como efigies de titanio erguidas al ras de la cama. Más allá, el septimontium de la fundación, pequeño como un cántaro de agua, y yo sin beber de allí una gota. Sigamos dentro del recinto, digamos que llegará la primavera -nuevamente-, "todo bien", "no sé", "todo tranquilo".
Flores marchitas en el jardín de Irina Brichmann, de la colina que no pude visitar; la palabra "marchita" da vueltas como un faro en la garganta, una luz que no permite que el ciego se tumbe en su miseria; si alguien fuera capaz de descansar con una palabra atravesada, eso sería una fotografía de la vida.
Quién sabe si la idea de "faro" está en vos, es imposible la tregua, a la espera de que deje de aletear la pluma en la boca, para qué, hasta cuándo, por no poder entrar a la pesadilla.
Convulsionamos a la hora de los estallidos, los hombres son desintegrados en medio de la ciudad, corren sobre veredas tumultuosas, y más hombres llevan, aferradas, las estrategias: no decir lo que pienso, o no saber qué pensar. El país se levanta del mapa como una constelación. La zona de fuego tiene un nombre, eso es estrella, es galaxia, es verdad en alguna sitio del mundo para este instante.
No fuerces el cuerpo, no entres al aire con la respiración, te visitan en la hora oscura, todos mis amores perdidos, y nadie es capaz de descansar en el engaño.
El fantasma de Edna Lieberman/ Roberto Bolaño
ResponderEliminarTe visitan en la hora más oscura
todos tus amores perdidos.
El camino de tierra que conducía al manicomio
se despliega otra vez como los ojos
de Edna Lieberman,
como sólo podían sus ojos
elevarse por encima de las ciudades
y brillar.
Y brillan nuevamente para ti
los ojos de Edna
detrás del aro de fuego
que antes era el camino de tierra,
la senda que recorriste de noche,
ida y vuelta,
una y otra vez,
buscándola o acaso
buscando tu sombra.
Y despiertas silenciosamente
y los ojos de Edna
están allí.
Entre la luna y el aro de fuego,
leyendo a sus poetas mexicanos
favoritos.
¿Y a Gilberto Owen,
lo has leído?,
dicen tus labios sin sonido,
dice tu respiración
y tu sangre que circula
como la luz de un faro.
Pero son sus ojos el faro
que atraviesa tu silencio.
Sus ojos que son como el libro
de geografía ideal:
los mapas de la pesadilla pura.
Y tu sangre ilumina
los estantes con libros, las sillas
con libros, el suelo
lleno de libros apilados.
Pero los ojos de Edna
sólo te buscan a ti.
Sus ojos son el libro
más buscado.
Demasiado tarde
lo has entendido, pero
no importa.
En el sueño vuelves
a estrechar sus manos,
y ya no pides nada.
TEXTO clave sobre el que se desarrolla el relato, donde la escritura se mezcla con los sueños, las prohibiciones, la naturaleza humana, con formas de vidas diferentes, pero su misterio va más allá de la mano que lleva el lápiz. Abrazos chilensis, Ro
Más que el fantasma de Edna, siempre nos sobrevolará el fantasma de Roberto Bolaño (a quien cito). Edna, Irina, Rocío, Sergio y Roberto: convidados al banquete del insomnio.
ResponderEliminarDe deseos y necesidades, de amantes y sexo, de quiebres y desilusiones, de verdades y mentiras, de sentimientos reales, de sentimientos encontrados, de sentimientos negados, de amores pasados y engaños presentes, de engaños pasados y amores presentes, del inevitable paso del tiempo, de mundos y realidades oníricas. Sin dudas un relato duro, contundente y desesperanzador. Muy bueno Sergio. Felicitaciones! Pedro
ResponderEliminarBellísima descripción, Pedro. Gracias a vos.
Eliminar"Las bestias no rugen, sueñan, incluso hambrientas", "hasta que deje de aletear la pluma en la boca".
ResponderEliminarCon cuántas palabras sin morder nos vamos a dormir. Todo lo que "aletea en la garganta" es parte de la pesadilla.
Serge, un texto para volar.
Vic
¿Qué haces cuando la convulsión es continua, cuando las palabras se lo lleva el viento? cuándo el descanso no llega y se vuelve llaga todo el día?
ResponderEliminarBella reflexión, la convulsión es continua pero a las palabras no se las lleva el viento.
Eliminarhermoso, movilizante, tu espiritu esta palpable en cada oracion. te quiero. B
ResponderEliminar