MATAR A UN NIÑO
(Parte 3)
Ayer como
a las 22hs llegué reventado del trabajo. Hacía 3 semanas que estábamos sin agua. En el ascensor habían pegado una hoja
a4 escrita a mano que decía: Sres vecinos, la bomba ya ha sido
colocada. Tendrán agua desde hoy a las 20.30hs. Saludos cordiales, la Administración. Imaginé
el chorro tranparente cayendo de la canilla de mi cocina, me evoqué de rodillas, con la cara en el porcellanato
disfrutando del franco resplandor que deja Poett. Timbre.
-Me
cortaron el agua. ¿Vos tenés? –Era Soledad, la madre de la inmundicia. Traía a
la basurita agarrada de la mano, parece que el insecto camina.
-No sé. La
verdad que recién llego y todavía ni alcancé a fijarme.
-Fijate,
por favor, a ver.
Abro la
canilla. Siento que dentro de las paredes, un río cristalino drena como el
corazón de un paciente que sale del paro cardíaco. Mi casa es un cuerpo cubierto
de arterias cargadas de líquido, y me rodean. Yo soy su corazón, la válvula que
cierra y abre, que quita y desagua. Por los techos, las paredes, los pisos: me circundan
capilares finísimos de vida limpia y húmeda.
-Sí, tengo
–le digo. Ella ya estaba sentada en el sillón de casa y la basurita jugaba con el
libro de Jorge Dubatti que compré el martes.
-Ay,
Sergio. Yo no aguanto más este edificio. Me quiero ir. Con Matías ya no sabemos
qué hacer. Es imposible vivir así.
Soledad,
querida, por mí andate a la re misma mierda y llevate con vos a ese frasco de
veneno ambulante que pariste. Ayer gritó como una ambulancia toda la noche.
-Sí, las
cosas están difíciles para todos.
-No. Para
todos, no. ¿Vos sabés lo que es tener un nene y estar sin agua?, ¿y encima tan
chiquito?
Soledad, visito baños desconocidos hace 3 semanas. El inodoro todavía
explota de mierda. Tengo tazas en la pileta de la cocina que parecen del
año pasado. Toda la comida en mi tacho de basura huele a viejo muerto.
-Sí, debe
ser terrible. Pobrecito.
-No doy más.
Mati ahora se fue a ver si consigue un plomero... porque todos tienen agua menos
nosotros.
Piba, tu marido se fue porque le rompés las pelotas como ni su madre lo ha hecho, se fue porque
antes de degollarte prefiere subir a un cerro y gritar: ¡qué alguien me asesine
por favor! Tiene los testículos llenos de sangre y se va a quedar ciego si no
descarga el odio.
-Pobre
Mati. A esta hora… no sé si va a conseguir, encima con lo que llueve.Yo hace 8 días que voy a
lo de mi hermano, Juanpi, para ducharme. Lo debés haber conocido porque vino un
par de veces. Ando con el nene, el cochecito, bolsos de ropa para lavar. Ay,
no, no, no.
Yo tengo la
camisa pegada al cuerpo porque mi sudor parece brea. Hace 4 días que me paso
toallitas para inmundicias como tu hijo. Agarrá a ese pendejo y sacale el libro
de la boca porque le lleno la jeta de Raid. Me encantaría verle las patitas moviéndose,
epilépticas, como las de las cucarachas: me fascina ver agonizar a los insectos
cuando tiro veneno. Soy paciente, puedo mirar por horas como se retuercen.
-Ayer.
Mirá lo que me pasó. Llegamos a casa. Nosotros no estuvimos con el temporal,
porque viajamos a Francia. Mati tenía que ir por unos papeles del posgrado.
Menos mal que le dejamos los autos a papá, porque se los hubiera llevado la
corriente... Ayer, llego: no hay luz. Prendo las velas, suerte que tenía. Abro
la canilla, no hay agua, ¿podés creer? Lorenzo lloraba porque tenía sed y el pañal sucio.
Imaginate yo. Matías estaba en la oficina.
-Mirá
Soledad. Si querés agua, llevate o no te lleves. Yo necesito ducharme. Después
seguimos hablando. Mañana.
-Sí, sí.
Te estoy entreteniendo. Perdoname, debés estar cansado.
Se pararon
y comenzaron a caminar despacio hacia la puerta. Yo me encorvé un poco y tomé de los hombros al
excrementito. Los apreté, fuerte; giró la cabeza, me miró, entrecerró los ojos, y sin
dejar de mirarme, comenzó a llorisquear.
-Ves. Mirá
cómo está, pobrecito. Él se da cuenta de todo.
Sí, no me
cabe duda y cerré la puerta.
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