jueves, 11 de abril de 2013


MATAR A UN NIÑO


(Parte 3)


Ayer como a las 22hs llegué reventado del trabajo. Hacía 3 semanas que estábamos sin agua. En el ascensor habían pegado una hoja a4 escrita a mano que decía: Sres vecinos, la bomba ya ha sido colocada. Tendrán agua desde hoy a las 20.30hs. Saludos cordiales, la Administración. Imaginé el chorro tranparente cayendo de la canilla de mi cocina, me evoqué de rodillas, con la cara en el porcellanato disfrutando del franco resplandor que deja Poett. Timbre.
-Me cortaron el agua. ¿Vos tenés? –Era Soledad, la madre de la inmundicia. Traía a la basurita agarrada de la mano, parece que el insecto camina.
-No sé. La verdad que recién llego y todavía ni alcancé a fijarme.
-Fijate, por favor, a ver.
Abro la canilla. Siento que dentro de las paredes, un río cristalino drena como el corazón de un paciente que sale del paro cardíaco. Mi casa es un cuerpo cubierto de arterias cargadas de líquido, y me rodean. Yo soy su corazón, la válvula que cierra y abre, que quita y desagua. Por los techos, las paredes, los pisos: me circundan capilares finísimos de vida limpia y húmeda.
-Sí, tengo –le digo. Ella ya estaba sentada en el sillón de casa y la basurita jugaba con el libro de Jorge Dubatti que compré el martes.
-Ay, Sergio. Yo no aguanto más este edificio. Me quiero ir. Con Matías ya no sabemos qué hacer. Es imposible vivir así.
Soledad, querida, por mí andate a la re misma mierda y llevate con vos a ese frasco de veneno ambulante que pariste. Ayer gritó como una ambulancia toda la noche.
-Sí, las cosas están difíciles para todos.
-No. Para todos, no. ¿Vos sabés lo que es tener un nene y estar sin agua?, ¿y encima tan chiquito?
Soledad, visito baños desconocidos hace 3 semanas. El inodoro todavía explota de mierda. Tengo tazas en la pileta de la cocina que parecen del año pasado. Toda la comida en mi tacho de basura huele a viejo muerto.
-Sí, debe ser terrible. Pobrecito.
-No doy más. Mati ahora se fue a ver si consigue un plomero... porque todos tienen agua menos nosotros.
Piba, tu marido se fue porque le rompés las pelotas como ni su madre lo ha hecho, se fue porque antes de degollarte prefiere subir a un cerro y gritar: ¡qué alguien me asesine por favor! Tiene los testículos llenos de sangre y se va a quedar ciego si no descarga el odio.

-Pobre Mati. A esta hora… no sé si va a conseguir, encima con lo que llueve.Yo hace 8 días que voy a lo de mi hermano, Juanpi, para ducharme. Lo debés haber conocido porque vino un par de veces. Ando con el nene, el cochecito, bolsos de ropa para lavar. Ay, no, no, no.
Yo tengo la camisa pegada al cuerpo porque mi sudor parece brea. Hace 4 días que me paso toallitas para inmundicias como tu hijo. Agarrá a ese pendejo y sacale el libro de la boca porque le lleno la jeta de Raid. Me encantaría verle las patitas moviéndose, epilépticas, como las de las cucarachas: me fascina ver agonizar a los insectos cuando tiro veneno. Soy paciente, puedo mirar por horas como se retuercen.
-Ayer. Mirá lo que me pasó. Llegamos a casa. Nosotros no estuvimos con el temporal, porque viajamos a Francia. Mati tenía que ir por unos papeles del posgrado. Menos mal que le dejamos los autos a papá, porque se los hubiera llevado la corriente... Ayer, llego: no hay luz. Prendo las velas, suerte que tenía. Abro la canilla, no hay agua, ¿podés creer? Lorenzo lloraba porque tenía sed y el pañal sucio. Imaginate yo. Matías estaba en la oficina.
-Mirá Soledad. Si querés agua, llevate o no te lleves. Yo necesito ducharme. Después seguimos hablando. Mañana.
-Sí, sí. Te estoy entreteniendo. Perdoname, debés estar cansado.
Se pararon y comenzaron a caminar despacio hacia la puerta. Yo me encorvé un poco y tomé de los hombros al excrementito. Los apreté, fuerte; giró la cabeza, me miró, entrecerró los ojos, y sin dejar de mirarme, comenzó a llorisquear.
-Ves. Mirá cómo está, pobrecito. Él se da cuenta de todo.
Sí, no me cabe duda y cerré la puerta. 

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