LO QUE SE LLEVÓ EL AGUA
Aurora me
había dejado una flor una vez que el malvón blanco dio lo suyo y yo trabajaba.
Ella tenía las llaves de casa y me decía que se encargaba de todo pero a su
tiempo, porque ya no era tan rápida como antes. Entonces yo le pagaba por 3 horas a la semana, al fin y al cabo mi departamento es muy pequeño, y ella estaba allí el
tiempo que necesitaba.
“Yo me
recibí de piano, Sergio”, me dijo. “Pero hace muchos años que no toco, ya”.
Estuve tentado de preguntarle qué la había separado del instrumento, pero intuí
que era lo mismo que la había separado del marido. De a poquito se había ido
haciendo confidente conmigo y me hablaba siempre en voz muy baja sobre su vida.
Cuando yo regresaba de la oficina, me esperaba con un café. Se servía otro
ella, y mientras yo le pagaba, Aurora conversaba conmigo al menos 15 minutos.
Se había ido de Saladillo,
porque él la golpeaba mucho. A ella y a sus dos hijas. Había puesto un par de
cositas en una valija y se había traído todo lo necesario para empezar de nuevo.
Después se mucho ahorrar limpiando casas, como 20 años después, después de que
Gabriela se recibiera de médica y después de que María Alejandra se recibiera
de veterinaria, ella pudo volver a comprarse el piano.
Recuerdo que hace 1 año fui
con la excusa de pasarle la receta de una tarta de coco y tomar mates. Lo que
yo quería en realidad era escuchar su Claro de luna, que según me había
contado, le salía muy bien. Intuí que esa lentitud minuciosa y precisa que
tenía era perfecta para Beethoven. Sobre el piano se apoyaban dos "no me olvides", que a su vez descargaban sus desechos sobre sendos platitos blancos, ubicados arriba de carpetas de hilo que ella misma había tejido. La madera
oscura y fuerte brillaba como recién barnizada. Estaba ubicado en el rincón
principal a la derecha, en el comedor y lo rodeaban dos sillones sobre los que
Aurora habrá imaginado a su pequeño público, no lo sé.
Recuerdo que
le dije que quería escuchar esa pieza suave y tierna que también a mí me
encantaba, pero ella me dijo que ese piano no iba a abrirse, Y que nunca se había abierto desde que lo comprara, que le traía
muchos recuerdos de jovencita. E inmediatamente me preguntó por el tipo de
molde para hacer la tarta. No quise insistir, todos los espacios están dentro
de uno mayor, y si jamás se cierra la primera puerta, todo se siente abierto.
Me fui
porque se había terminado el mate y yo tenía que ir a llevar a mi hermana a no
sé dónde.
Después fui
perdiendo el contacto. Un día no pudo venir porque tenía que cuidar el perrito de una de sus hijas, otro día porque estaba muy dolorida de la cadera, otro
porque se había caído en la calle, otro porque sus hijas ya no le permitían trabajar, luego me enteré del accidente y otro día fui a visitarla y no estaba.
Ayer la lluvia entró en
todas nuestras casas. Casi un metro y medio de líquido barroso eliminó cada
huella nuestra de lo que nos pertenecía. Y pensé en el piano bajo el agua, vi nuestros pasillos en el profundo silencio, las puertas abiertas, una corriente única y multitudinaria arrastrando todo y entendí que hay ciertas piezas de música que jamás podrán volver a oirse.
ES MUY TRISTE PERO ME TOCO EL CORAZON!!!! PUEDO PUBLICARLO EN FACEBOOK? ESPERO TU RESPUESTA!
ResponderEliminarANA